Ni me inmuté, seguí mirándole.
-¿Quién eres y qué haces aquí?. -Le pregunté intrigada, nunca le había visto en toda mi vida.
-No soy nadie que debas conocer y siempre estoy aquí, es mi lugar.
Apartó la mirada de las cajas que se habían caído para mirarme. Me observó durante un largo período de tiempo, que me pareció eterno.
-Bueno...explícame eso de que este es tu lugar.
- Siempre he estado aquí, entre las sombras, sin que nadie se hubiese percatado de mi presencia, hasta que llegaste tú con tu estúpida familia para remover todo. Y ahora, vienes aquí casi todos los días, como si esto fuera un refugio para tí. Has conseguido joderme de verdad. - Me espetó con cara de pocos amigos.
- No sé por qué dices que te he fastidiado todo, no voy a decirle a nadie que te he visto aquí. -Le dije intentando calmar la situación.
Me acerqué al armario que estaba detrás del coche de mis padres, y allí dejé la toalla que tenía en el pelo. Apagué la linterna y me senté lejos de aquel chico.
- ¿Qué haces?. Vete de aquí. -Me dijo su voz apagada.
-Dime tu nombre.
- Nate. Ya puedes irte, no necesito a nadie que me de conversación.
- Vale, me voy. No te aseguro que no vuelva. -Le dije casi susurrando.
Quería saber más de él.
Empecé a caminar con la linterna apagada por aquel garaje, hasta que encontré el botón para abrir la puerta y salí.
Como me solía pasar, no había dormido nada.
Para mi sorpresa, mis padres no estaban en casa. Era raro, sábado por la mañana y estaba completamente sola. Perfecto.
Me vestí con lo primero que encontré en el armario y salí de casa.
Tenía que ir a comprar un par de cosas antes de ir a la "Reunión de amigas" que hacia hoy Shelby en su casa, así que pasé por el supermercado más cercano y compré galletas.
Decidí quedarme un rato más en la calle antes de volver a casa.
Una tienda de tíos. Entré y me puse a mirar la ropa como si nada. Un par de sudaderas, pantalones anchos etc
Casi sin haberlo previsto, acabé comprando ropa de chico que no iba a ser exactamente para uno de ellos.
Me quedaban solo veinticinco minutos para prepararme y salir corriendo hacia la casa de Shelby, que vivía dos manzanas más abajo.
Cojí la sudadera que me había comprado hoy y mis vaqueros de siempre. No me parecía a la típica chica pija que salía los sábados por la tarde con sus amigas, y no quería parecerlo.
Toqué el timbre.
-¡Ya voy!. - Dijo Shelby bajando las escaleras a toda prisa con lo que parecían ser unos tacones.
Me abrió la puerta y me quedé de piedra. Iba como una auténtica Barbie.
Su cara maquillada también lucía una expresión de impacto como la mía.
- Ah, eres tu Sam. Pasa por favor.
Esto iba a estar bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario