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17 de mayo de 2012

# Capítulo 2.

Me desperté, horriblemente despeinada como siempre, y con una cara digna de un buen escupitajo.
No tenía ganas de hacer nada, y mucho menos de volver a clases para darle una explicación a la señorita Mckinley, pero tuve que hacer de tripas corazón y vestirme con el uniforme escolar.
Me observe ante el espejo unos minutos para repetirme mi frase matutina: - Joder, soy demasiado fea. Después de mi pequeño ritual para alimentar mi falta de autoesima, me peino el pelo hacia un lado con los dedos y me dispongo a salir de mi casa antes de que mi madre se despierte.
No me había dado tiempo de coger nada para desayunar, pero ya no podía volver a atrás, el autobús escolar estaba parando para pasar a recogerme a mi y a unos estudiantes del instituto de en frente. Nada más subir, me encontré con Shelby en los asientos de la derecha como de costumbre y la saludé con un simple movimiento de mano.
-¿Sabes Shell?. Me han pillado. -Le dije sin molestarme en observar su reacción.
Me coge de los hombros con una brusca sacudida, mientras me dice: - ¡Te lo dije!. Estás loca, ¿a quién se le ocurre engañar a la Mckinley?. No sé ni por qué pregunto, solo se te ocurriría a tí, pero bueno, te alegrará saber que ahora eres la heroína de más de mitad de cuarto curso, nadie antes había conseguido escaquearse de esa mujer. De verdad, como la odio, es demasiado estricta...
- Para ya de hablar porfavor, me va a reventar la cabeza.- Le dije tapándole la boca con la mano.
Al llegar, fuímos las primeras en bajar del autobús y nos encontramos con nuestro grupo de amigas hablando, como todos los días, de ropa y de chicos.
 Que asco, la misma mierda de siempre.
 Pero no, ya estaba totalmente cansada del mismo rollo, así que en vez de quedarme allí como de costumbre, seguí de largo hacia las aulas notando como las miradas se clavaban en mi espalda.
Por un momento, no me importó en absoluto. Tenía que aprender a  no pensar ni en nada ni en nadie.
Al llegar a mi clase me encontré con la profesora Mckinley, que ni si quiera me dirigió una mirada al decirme: - Señorita Samantha, acérquese a mi mesa por favor.
Me acerqué temiéndome lo peor, pero solo me miró fijamente y me dijo: Sabrá que este asunto irá a dirección, ¿verdad?.
Y me limité a asentir mientras me dirigía de vuelta a mi sitio.


La mañana había pasado bastante rápido, sin ningún accidente salvo que mis amigas ahora se alejan de mí, lo cual, en cierto modo es una ventaja para acercarme a los chicos de mi clase e intentar entablar conversación, más que nada para integrarme con ellos ya que en una temporada no iba a ser mi yo exterior.
Llegué a casa y por suerte, mi madre se había ido temprano a trabajar hoy, así que tenía la casa para mí el resto del día.
Primero encendí mi reproductor y empezó a sonar la primera canción de mi pendrive: AC/DC- Long way to the top (if you wanna rock n´roll). Me encantaba esa canción desde hacía ya muchos años y cada vez que la escuchaba me subía el ánimo aunque estuviese por los suelos.
Decidí sentarme en el escritorio y abrir el correo. Tenía un nuevo mensaje, anónimo.
Lo abrí sin más y lo único que había escrito decía: Podrías dejar de existir, que nadie se daría cuenta. Lo siento Sam, pero es cierto.
No sabía como sentirme en esos momentos. ¿Pasaba tan desapercibida a los ojos de los demás?. Siempre había estado con el mismo grupo de amigas, nunca me había atrevido a dejarlas para entablar más que sea una pequeña conversación con alguien, nada.
Tenía que hacer algo al respecto, no quería seguir siendo la misma chica que no encajaba ni si quiera en su propio grupos de amigas.

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