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15 de mayo de 2012

# Capítulo 4.

Tenía dos llamadas perdidas de Shelby, ¿qué querría?, ya no somos tan amigas como antes así que ya no llama. Tenía que haber pasado algo importante para que me llamase.
La llamé.
-¿Diga?.
-Hola Shell, ¿qué pasa?.Tengo dos llamadas perdidas tuyas. -Le dije con voz intrigada.
-Quería avisarte de que las chicas y yo hemos convocado una reunión o fiesta de pijamas, como prefieras llamarlo, este viernes. Hay muchos temas que tratar así que esperamos que vengas. -Me dijo con un tono poco cordial.
- Vale, allí estaré.
Y tras decir eso, me colgó.
Seguramente sería para hablar del tema de que estoy muy rara y de que ya no estoy con ellas si no con Mike y sus amigos, lo cual no me preocupa. No me importa lo que piensen, en absoluto.
Por primera vez me sentí libre. No por haber hablado con Shelby, si no por saber que no me importaba lo que me dijese, ni ella, ni nadie.
Me tumbé en el sofá, harta de una tarde aburrida y me dispuse a ver una película.


Me despierto entre babas y una manta vieja que me había hecho mi abuela por mi quinto cumpleaños. Por lo visto, mis padres habían llegado del trabajo, habían cenado y se habrían reído de que tenía la boca abierta dejando escapar algún que otro suspiro, mientras me ponían aquella maloliente manta.
Me deshice de ella de un empujón y me dirigí al reloj de la cocina para  ver qué hora era. Las dos de la mañana.
Mañana tenía clase, pero no tenía ganas de dormir todavía, así que cogí la lista de propietarios de los apartamentos del vecindario y le eché un vistazo.
Estaba dispuesta a averiguar quién era aquel misterioso chico, pero aquella lista no me pudo proporcionar ninguna respuesta, no había ningún nuevo inquilino.
Decepcionada, decidí posponer la búsqueda hasta mañana e irme a la cama.

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