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14 de mayo de 2012

#Capítulo 5.

Otra vez, yo sola en mi habitación pensando en todo lo que había ocurrido los últimos días.
Todas las que creía que eran mis amigas, se han apartado de mi lado, aunque mas bien me he apartado yo de ellas, también está ese chico extraño del garaje... ¿qué estaría buscando?.
Bueno, no podía seguir ahí sentada sin hacer nada, en dos horas me tocaba ir a clase y con ésta cara, desde luego no podía hacerlo. Llevaba toda la noche sin pegar ojo, y lo peor es que no sabía  por qué me estaba pasando ésto.
Me vestí, me lavé la cara y como siempre, cojí una manzana y salí a la calle. Todavía me quedaba bastante tiempo antes de tener que ir a clase, así que decidí acercarme al puerto.
Desde hacía ya mucho tiempo que me gustaba ese lugar, de hecho tenía nombre propio: La séptima raya. Le había puesto ese nombre porque de camino hacia allí hay siete rayas perfectamente marcadas en el suelo.
Me tumbé y me dispuse a contar las pocas estrellas que quedaban en el cielo antes de que llegara el amanecer.
¿Por qué soy así?.
 Odio estos momentos filosóficos, hacen que piense demasiado y eso en mis circunstancias no sienta demasiado bien.
Soy una persona, eso sí ya que tengo emociones y esas cosas normales, pero no me conozco a mí misma. Lo único que creo que sé es que no me gusta mi vida, necesito cambios, es demasiado monótona.
Y así sin estar realmente pensando en algo concreto y pensando de todo a la vez, las estrellas se terminan de ir y me doy cuenta de que llego tarde. Otra vez.
Corriendo tanto como mi torpeza podía permitirme, llegué a clase. Shelby me dirigió una mirada furtiva y yo pasé de ella para sentarme al lado de Mike.
-¿Y esa cara?. -Me dijo mientras me observaba con atención.
- No he dormido en toda la noche, y la verdad es que no sé qué me pasa. Suelo dormir bastante bien y que yo sepa, no tengo ningún motivo por el cual deje de hacerlo.
- Tal vez es que te hace falta un poco de Mike en tu cama, ¿no crees?.
- No seas idiota. -Le dije sacudiéndole el pelo.
Me caía bien. Él y todos sus amigos.
De repente me empezaba a sentir mucho más a gusto entre la compañía masculina, tal vez todo lo que estaba haciendo estaba cambiando mi vida, mi forma de pensar. Tal vez podría funcionar.

Después de un día un tanto diferente, decidí darme una ducha y volver al garaje.
Quería rebuscar entre las cajas de los trastos viejos y averiguar (o intentarlo), que estaría buscando ese chico misterioso.
Bajé, con mi linterna y la toalla cubriéndome el pelo.
Todo estaba oscuro, y como de costumbre, aquel olor a gasolina que tanto me relajaba. Comencé a buscar por las cajas viejas que había en la esquina más apartada, y nada. Todas estaban llenas de juguetes viejos y ropa de niños que habían crecido.
Seguí buscando y de momento nada, más juguetes, más ropa y más polvo.
Se oye un ruido, una caja se había caído y yo no la había tirado. Apunto con la luz de la linterna hacia donde se oyó el ruido y ahí está.
Agazapado y con el pelo revuelto y sucio. Un chico que tan solo aparentaba dos años más que yo y al que no había visto en mi vida.
-Deja de mirarme como si fuera un alien. -Me espetó mientras una expresión de odio cruzó su semblante.

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