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1 de mayo de 2013

# Capítulo 1.

Le eché una última calada a mi droga favorita, el olor a tierra mojada.
Había llovido la noche anterior y hoy amanecía el cielo más despejado.
Puto desperador. Llegaba ya tarde al instituto y si no estaba allí antes de las menos diez, me volverían a dejar fuera. No podía permitirme el lujo de perder clase de lengua otra vez, estaba al borde de venir por las tardes para hacer "trabajos comunitarios", más conocido como quitar chicles de debajo de las mesas o limpiar los baños.
Me acordé de todo en lo que había pensado últimamente sobre los chicos, su mente (bragueta) y su forma de vivir.
Como buen primer día de chico, ordené mejor mis ideas y decidí faltar a clase. Había aprendido a falsificar la firma de mi madre desde que tenía siete años y no tenía ningún inconveniente en volver a hacerlo.
Cojí una sudadera llena de manchas de pintura, la típica prenda de ropa que te pones para decorar tu habitación o para hacer gilipolleces con tus amigas. Le añadí unos vaqueros ajados y listo, ya estaba preparada para hacer una pequeña excursión a la playa.
Me llevé una manzana, un trozo de bizcochón y salí corriendo calle abajo. El autobús escolar estaba pasando frente a mis narices pero me dió suficiente tiempo para hacerle señas a Shelby:      -Estoy enferma, ¿vale?.
Me respondió con un simple: -Llámame.
Seguí corriendo antes de que la profesora Mckinley descubriese mi pequeña mentira.
La playa estaba bastante cerca de mi casa, así que no tuve problemas para llegar en menos de cinco minutos.
Me relajé.
Me tumbé en la arena y dejé que mi mente se esfumase con la brisa. Hacía mucho tiempo que no me relajaba.
Terminé de doblar el papelillo, lo apreté un poco por la punta y me quedé observando mi pequeña obra de arte. En la palma de mi mano tenía la medicina para que mis problemas se evaporaran.
Cogí mi mechero de Bob Marley y encendí mi trocito de cielo.
Se desvaneció todo delante de mis ojos y ya no pude pensar más con claridad, estaba aturdida, mareada y un tanto relajada, pero me tenía que ir, me iban a matar.


Al cruzar el umbral de mi puerta, con la ropa empapada y descalza, me encontré con un temible dragón de dos cabezas que me esperaba para rugirme y morderme si tenía ocasión.
Mi madre, tan simpática como siempre.
La cabeza estaba a punto de estallarme y no mejoró mucho con sus gritos.
Me metí en la cama después de haber cerrado la puerta con un: - ¡Que te den!, y me dispuse a tocar un poco la guitarra.
Mi primer día como chico.
No había funcionado muy bien que digamos, y en mi otra vida no estaba todo arreglado como yo pensaba. Mi vida de adolescente era una mierda, chicos, exámenes, y amigas falsas. Todo giraba al rededor de esa espiral.
¿La vida de los chicos no sería diferente?.
Estaba dispuesta a averiguarlo.

17 de mayo de 2012

# Capítulo 2.

Me desperté, horriblemente despeinada como siempre, y con una cara digna de un buen escupitajo.
No tenía ganas de hacer nada, y mucho menos de volver a clases para darle una explicación a la señorita Mckinley, pero tuve que hacer de tripas corazón y vestirme con el uniforme escolar.
Me observe ante el espejo unos minutos para repetirme mi frase matutina: - Joder, soy demasiado fea. Después de mi pequeño ritual para alimentar mi falta de autoesima, me peino el pelo hacia un lado con los dedos y me dispongo a salir de mi casa antes de que mi madre se despierte.
No me había dado tiempo de coger nada para desayunar, pero ya no podía volver a atrás, el autobús escolar estaba parando para pasar a recogerme a mi y a unos estudiantes del instituto de en frente. Nada más subir, me encontré con Shelby en los asientos de la derecha como de costumbre y la saludé con un simple movimiento de mano.
-¿Sabes Shell?. Me han pillado. -Le dije sin molestarme en observar su reacción.
Me coge de los hombros con una brusca sacudida, mientras me dice: - ¡Te lo dije!. Estás loca, ¿a quién se le ocurre engañar a la Mckinley?. No sé ni por qué pregunto, solo se te ocurriría a tí, pero bueno, te alegrará saber que ahora eres la heroína de más de mitad de cuarto curso, nadie antes había conseguido escaquearse de esa mujer. De verdad, como la odio, es demasiado estricta...
- Para ya de hablar porfavor, me va a reventar la cabeza.- Le dije tapándole la boca con la mano.
Al llegar, fuímos las primeras en bajar del autobús y nos encontramos con nuestro grupo de amigas hablando, como todos los días, de ropa y de chicos.
 Que asco, la misma mierda de siempre.
 Pero no, ya estaba totalmente cansada del mismo rollo, así que en vez de quedarme allí como de costumbre, seguí de largo hacia las aulas notando como las miradas se clavaban en mi espalda.
Por un momento, no me importó en absoluto. Tenía que aprender a  no pensar ni en nada ni en nadie.
Al llegar a mi clase me encontré con la profesora Mckinley, que ni si quiera me dirigió una mirada al decirme: - Señorita Samantha, acérquese a mi mesa por favor.
Me acerqué temiéndome lo peor, pero solo me miró fijamente y me dijo: Sabrá que este asunto irá a dirección, ¿verdad?.
Y me limité a asentir mientras me dirigía de vuelta a mi sitio.


La mañana había pasado bastante rápido, sin ningún accidente salvo que mis amigas ahora se alejan de mí, lo cual, en cierto modo es una ventaja para acercarme a los chicos de mi clase e intentar entablar conversación, más que nada para integrarme con ellos ya que en una temporada no iba a ser mi yo exterior.
Llegué a casa y por suerte, mi madre se había ido temprano a trabajar hoy, así que tenía la casa para mí el resto del día.
Primero encendí mi reproductor y empezó a sonar la primera canción de mi pendrive: AC/DC- Long way to the top (if you wanna rock n´roll). Me encantaba esa canción desde hacía ya muchos años y cada vez que la escuchaba me subía el ánimo aunque estuviese por los suelos.
Decidí sentarme en el escritorio y abrir el correo. Tenía un nuevo mensaje, anónimo.
Lo abrí sin más y lo único que había escrito decía: Podrías dejar de existir, que nadie se daría cuenta. Lo siento Sam, pero es cierto.
No sabía como sentirme en esos momentos. ¿Pasaba tan desapercibida a los ojos de los demás?. Siempre había estado con el mismo grupo de amigas, nunca me había atrevido a dejarlas para entablar más que sea una pequeña conversación con alguien, nada.
Tenía que hacer algo al respecto, no quería seguir siendo la misma chica que no encajaba ni si quiera en su propio grupos de amigas.

16 de mayo de 2012

# Capítulo 3.

Otra bronca más. Si siguen gritando así, juro que les mato.
Mí día en clase no había sido muy bueno que digamos y para colmo, ya están mis padres otra vez discutiendo por gilipolleces. En ocasiones desearía que se separasen ya de una vez, no se imaginan lo difícil que es vivir con unos padres que ni se hablan y que cuando lo hacen, no hablan, gritan.
No podía más, así que opté por irme de casa. Eran casi las doce de la noche, pero conseguí escabullirme con la excusa de pasear al perro así que decidí irme un rato al garaje. Últimamente pasaba mucho tiempo allí, me encantaba el olor a gasolina y las cajas apiladas con juguetes viejos.
Cuando entré todo estaba en silencio, solo se oía el eco de mis pasos y gotas de agua callendo del grifo mal cerrado que utilizaban de vez en cuando. Intenté encender la linterna, pero se le habían agotado las pilas así que opté por sentarme a oscuras para relajarme un poco, pero de repente oigo una respiración que no era la mía.
 Sobresaltada dije: -¿Quién está ahí? Este garaje es solo para los propietarios...
-Cállate. Dijo aquella sombra con voz temblorosa. Por su voz parecía un chico bastante más mayor que yo, así que asustada en un intento de parecer valiente dije: -Si me haces algo, se darán cuenta de que no he vuelto a casa... y entonces... seguro que llaman a la policía, te encontrarían y luego...
-¡Que te calles joder!, no voy a hacerte nada, solo he venido a buscar algo que es mío...
-¿Tuyo?.-Le espeté. - Aquí no creo que haya nada tuyo, no eres ningun propietario, no me suena tu voz...
- Aquí está...-Dijo apenas en un susurro.
Acto seguido oigo unos pasos acercándose cada vez más, se paran, y después dejan de oirse.


Pensé que habían pasado horas cuando me levanté del frío suelo de mi garaje. Mis padres ni si quiera habían notado mi ausencia, tal vez si me hubiese pasado algo no hubiesen llamado a la policía como yo pensaba. Tal vez era cierto que pasaba muy desapercibida para todos.
¿Quién sería aquel chico?.
No conseguí pegar ojo en lo que quedaba de noche pensando en quién podría ser y en qué estaría buscando. Su voz no se parecía a ninguna que hubiese escuchado antes y su sombra no me recordaba a nadie en particular. Además no se me ocurría nada en especial que podría querer, en ese garaje no había nada de valor.
Ya por la mañana me preparé como de costumbre para el colegio y salí a fuera para esperar al autobús. Cuando entré vi que mi asiento de costumbre junto a Shelby, estaba ocupado por una chica a la que no conocía de nada.
-¿Qué hay Shelby?. -Le dije mirando a mi asiento.
- Nada por lo que debas preocuparte Sam. Mira, ésta es Claire, es nueva por aquí así que la he invitado a unirse a nuestro grupo ya que tú... bueno, tú últimamente estás como ausente, ya sabes.
- Si, claro. -Le dije buscando con la mirada un sitio libre. -Parece que va a seguir siendo así por un tiempo.
Me fuí hacia los últimos asientos donde estaban todos los chicos y se me quedaron mirando con una expresión en la cara de : ¿Qué coño le picó a ésta?.
Me senté al lado de Mike Cornwell obviando la expresión de su cara y le dirigí un cordial :- ¡Hola tío!, ¿qué pasa?.
Sus ojos recorrieron un corto camino que a mi me pareció eterno, de mis ojos a mis tetas, de mis tetas a mis ojos...
-Pues aquí nena, ¿y tú que tal?. -Dijo pasándome un brazo por encima.
-Bastante bien, pero estaría mejor si me quitaras tu brazo de mis hombros y me dejaras de mirar las tetas. -Dije entre las risas de sus amigos. -¡Mike, te han rechazado!. -Dijeron éstos con una sonrisita en sus caras.
Empecé a hablar con ellos y aunque no supiese muy bien de qué iban sus conversaciones, no sería muy difícil adaptarse con el tiempo.

-¿Mañana te vendrás con nosotros muñeca?. -Me dijeron Mike y Paul.
-¡Claro chicos!. -Añadí sin mirar hacia atrás.
Qué sorpresa la de hoy, había estado toda la mañana con los amigos de Mike y a ellos no parecía importarles que lo estuviese.

15 de mayo de 2012

# Capítulo 4.

Tenía dos llamadas perdidas de Shelby, ¿qué querría?, ya no somos tan amigas como antes así que ya no llama. Tenía que haber pasado algo importante para que me llamase.
La llamé.
-¿Diga?.
-Hola Shell, ¿qué pasa?.Tengo dos llamadas perdidas tuyas. -Le dije con voz intrigada.
-Quería avisarte de que las chicas y yo hemos convocado una reunión o fiesta de pijamas, como prefieras llamarlo, este viernes. Hay muchos temas que tratar así que esperamos que vengas. -Me dijo con un tono poco cordial.
- Vale, allí estaré.
Y tras decir eso, me colgó.
Seguramente sería para hablar del tema de que estoy muy rara y de que ya no estoy con ellas si no con Mike y sus amigos, lo cual no me preocupa. No me importa lo que piensen, en absoluto.
Por primera vez me sentí libre. No por haber hablado con Shelby, si no por saber que no me importaba lo que me dijese, ni ella, ni nadie.
Me tumbé en el sofá, harta de una tarde aburrida y me dispuse a ver una película.


Me despierto entre babas y una manta vieja que me había hecho mi abuela por mi quinto cumpleaños. Por lo visto, mis padres habían llegado del trabajo, habían cenado y se habrían reído de que tenía la boca abierta dejando escapar algún que otro suspiro, mientras me ponían aquella maloliente manta.
Me deshice de ella de un empujón y me dirigí al reloj de la cocina para  ver qué hora era. Las dos de la mañana.
Mañana tenía clase, pero no tenía ganas de dormir todavía, así que cogí la lista de propietarios de los apartamentos del vecindario y le eché un vistazo.
Estaba dispuesta a averiguar quién era aquel misterioso chico, pero aquella lista no me pudo proporcionar ninguna respuesta, no había ningún nuevo inquilino.
Decepcionada, decidí posponer la búsqueda hasta mañana e irme a la cama.

14 de mayo de 2012

#Capítulo 5.

Otra vez, yo sola en mi habitación pensando en todo lo que había ocurrido los últimos días.
Todas las que creía que eran mis amigas, se han apartado de mi lado, aunque mas bien me he apartado yo de ellas, también está ese chico extraño del garaje... ¿qué estaría buscando?.
Bueno, no podía seguir ahí sentada sin hacer nada, en dos horas me tocaba ir a clase y con ésta cara, desde luego no podía hacerlo. Llevaba toda la noche sin pegar ojo, y lo peor es que no sabía  por qué me estaba pasando ésto.
Me vestí, me lavé la cara y como siempre, cojí una manzana y salí a la calle. Todavía me quedaba bastante tiempo antes de tener que ir a clase, así que decidí acercarme al puerto.
Desde hacía ya mucho tiempo que me gustaba ese lugar, de hecho tenía nombre propio: La séptima raya. Le había puesto ese nombre porque de camino hacia allí hay siete rayas perfectamente marcadas en el suelo.
Me tumbé y me dispuse a contar las pocas estrellas que quedaban en el cielo antes de que llegara el amanecer.
¿Por qué soy así?.
 Odio estos momentos filosóficos, hacen que piense demasiado y eso en mis circunstancias no sienta demasiado bien.
Soy una persona, eso sí ya que tengo emociones y esas cosas normales, pero no me conozco a mí misma. Lo único que creo que sé es que no me gusta mi vida, necesito cambios, es demasiado monótona.
Y así sin estar realmente pensando en algo concreto y pensando de todo a la vez, las estrellas se terminan de ir y me doy cuenta de que llego tarde. Otra vez.
Corriendo tanto como mi torpeza podía permitirme, llegué a clase. Shelby me dirigió una mirada furtiva y yo pasé de ella para sentarme al lado de Mike.
-¿Y esa cara?. -Me dijo mientras me observaba con atención.
- No he dormido en toda la noche, y la verdad es que no sé qué me pasa. Suelo dormir bastante bien y que yo sepa, no tengo ningún motivo por el cual deje de hacerlo.
- Tal vez es que te hace falta un poco de Mike en tu cama, ¿no crees?.
- No seas idiota. -Le dije sacudiéndole el pelo.
Me caía bien. Él y todos sus amigos.
De repente me empezaba a sentir mucho más a gusto entre la compañía masculina, tal vez todo lo que estaba haciendo estaba cambiando mi vida, mi forma de pensar. Tal vez podría funcionar.

Después de un día un tanto diferente, decidí darme una ducha y volver al garaje.
Quería rebuscar entre las cajas de los trastos viejos y averiguar (o intentarlo), que estaría buscando ese chico misterioso.
Bajé, con mi linterna y la toalla cubriéndome el pelo.
Todo estaba oscuro, y como de costumbre, aquel olor a gasolina que tanto me relajaba. Comencé a buscar por las cajas viejas que había en la esquina más apartada, y nada. Todas estaban llenas de juguetes viejos y ropa de niños que habían crecido.
Seguí buscando y de momento nada, más juguetes, más ropa y más polvo.
Se oye un ruido, una caja se había caído y yo no la había tirado. Apunto con la luz de la linterna hacia donde se oyó el ruido y ahí está.
Agazapado y con el pelo revuelto y sucio. Un chico que tan solo aparentaba dos años más que yo y al que no había visto en mi vida.
-Deja de mirarme como si fuera un alien. -Me espetó mientras una expresión de odio cruzó su semblante.

13 de mayo de 2012

# Capítulo 6.

Ni me inmuté, seguí mirándole.
-¿Quién eres y qué haces aquí?. -Le pregunté intrigada, nunca le había visto en toda mi vida.
-No soy nadie que debas conocer y siempre estoy aquí, es mi lugar.
Apartó la mirada de las cajas que se habían caído para mirarme. Me observó durante un largo período de tiempo, que me pareció eterno.
-Bueno...explícame eso de que este es tu lugar.
- Siempre he estado aquí, entre las sombras, sin que nadie se hubiese percatado de mi presencia, hasta que llegaste tú con tu estúpida familia para remover todo. Y ahora, vienes aquí casi todos los días, como si esto fuera un refugio para tí. Has conseguido joderme de verdad. - Me espetó con cara de pocos amigos.
- No sé por qué dices que te he fastidiado todo, no voy a decirle a nadie que te he visto aquí. -Le dije intentando calmar la situación.
Me acerqué al armario que estaba detrás del coche de mis padres, y allí dejé la toalla que tenía en el pelo. Apagué la linterna y me senté lejos de aquel chico.
- ¿Qué haces?. Vete de aquí. -Me dijo su voz apagada.
-Dime tu nombre.
- Nate. Ya puedes irte, no necesito a nadie que me de conversación.
- Vale, me voy. No te aseguro que no vuelva. -Le dije casi susurrando.
Quería saber más de él.
Empecé a caminar con la linterna apagada por aquel garaje, hasta que encontré el botón para abrir la puerta y salí.


Como me solía pasar, no había dormido nada.
Para mi sorpresa, mis padres no estaban en casa. Era raro, sábado por la mañana y estaba completamente sola. Perfecto.
Me vestí con lo primero que encontré en el armario y salí de casa.
Tenía que ir a comprar un par de cosas antes de ir a la "Reunión de amigas" que hacia hoy Shelby en su casa, así que pasé por el supermercado más cercano y compré galletas.
Decidí quedarme un rato más en la calle antes de volver a casa.
Una tienda de tíos. Entré y me puse a mirar la ropa como si nada. Un par de sudaderas, pantalones anchos etc
Casi sin haberlo previsto, acabé comprando ropa de chico que no iba a ser exactamente para uno de ellos.


Me quedaban solo veinticinco minutos para prepararme y salir corriendo hacia la casa de Shelby, que vivía dos manzanas más abajo.
Cojí la sudadera que me había comprado hoy y mis vaqueros de siempre. No me parecía a la típica chica pija que salía los sábados por la tarde con sus amigas, y no quería parecerlo.

Toqué el timbre.
-¡Ya voy!. - Dijo Shelby bajando las escaleras a toda prisa con lo que parecían ser unos tacones.
Me abrió la puerta y me quedé de piedra. Iba como una auténtica Barbie.
Su cara maquillada también lucía una expresión de impacto como la mía.
- Ah, eres tu Sam. Pasa por favor.
Esto iba a estar bien.